Una Dictadura Que No Admite Un Debate En Condiciones Igualitarias

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Última Hora, Parón Oficial Para Cuba ; Medidas En Progreso

La dictadura cubana ha intentado durante décadas imponer un pensamiento único y legitimar la idea de una “democracia” de partido único, un concepto incompatible con cualquier tradición política occidental. La obediencia ciega a un solo criterio puede ser propia de culturas cerradas al conocimiento universal, pero no de la matriz cultural que sustenta a Cuba.

La coyuntura de la Guerra Fría en los años 50 y 60 permitió que la revolución cubana se presentara como un proyecto de transformación, aunque en realidad fue más un movimiento ideológico que un proceso democrático. Amparado por el socialismo soviético, Fidel Castro encontró el escenario perfecto para experimentar en Occidente un modelo de “socialismo paradisíaco” promovido por literaturas manipuladoras y teorías sociales que, en la práctica, han destruido la economía estructural del país y generado experimentos improvisados, adaptados o no al contexto.

El deterioro económico de Cuba no es responsabilidad exclusiva de las políticas recientes de Díaz-Canel ni de su círculo comunista, que sigue sin descifrar la fórmula de la prosperidad aun cuando esta ha sido documentada hasta el cansancio. El problema de fondo es que el Partido Comunista de Cuba se niega a reconocer la libertad plena del individuo y el derecho a la propiedad privada, pilares esenciales de cualquier sociedad funcional. Por eso, aunque algunos defensores del régimen intenten narrar otra realidad, los hechos muestran que las libertades individuales chocan constantemente con leyes restrictivas y con interpretaciones ideológicas que determinan qué es “revolucionario” y qué no.

Hablar de “revolución” después de 67 años es casi una burla al concepto mismo. En nombre de la justicia y la democracia, el régimen apagó voces, pocas o muchas, y satanizó a todo oponente. Su estrategia siempre ha sido desmoralizar y etiquetar al adversario con términos negativos y punitivos. Con el control absoluto de la prensa, la radio, la televisión y la internet, nunca ha existido un debate limpio ni en condiciones igualitarias.

El error de hablar de diálogo en igualdad de condiciones

Desde una perspectiva de estrategia política internacional, pretender un diálogo en igualdad de condiciones es una ilusión. No existe tal igualdad más allá de la condición humana. Díaz-Canel, elegido a dedo por su obediencia, exhibe contradicciones que revelan soberbia y escasa capacidad analítica. Cuba no tiene nada valioso que ofrecer a Estados Unidos; de hecho, muchos consideran que Miami se ha convertido en una capital global precisamente porque La Habana dejó de ser competencia, pese a compartir una población con raíces similares.

Durante estos 67 años, presidentes de Estados Unidos, México y Canadá han cambiado bajo sistemas democráticos transparentes, logrando avances sociales proporcionales a su desarrollo. Ninguno ha restringido libertades individuales ni ha discriminado a inmigrantes o comerciantes que participan en sus economías. Cuba, en cambio, no respeta la libertad individual ni la propiedad privada, y sus beneficios sociales son insostenibles porque no guardan relación con su nivel real de desarrollo. La ausencia total de oposición hace imposible cualquier diálogo en igualdad de condiciones.

El régimen cubano solo encuentra afinidad con gobiernos ideológicamente afines, como el actual gobierno mexicano bajo Morena o ciertos sectores socialistas canadienses. Pero esa afinidad no se basa en resultados, sino en simpatías ideológicas.

No puede haber igualdad de condiciones porque, para un régimen despótico como el PCC, es más importante imponer la visión de una minoría mediante una red represiva construida durante décadas. Sin embargo, esa red ya no controla la curiosidad natural del pueblo por conocer otras realidades. Basta ver cómo en programas como “Con Filo” evitan debates abiertos porque serían derrotados intelectualmente en segundos.

Un diálogo con la dictadura solo tendría sentido para acordar cómo y cuándo se van a ir, sin perjudicar al pueblo. No existe igualdad de condiciones ni siquiera entre los propios cubanos dentro de la isla, sean o no miembros del PCC. El reloj histórico ya marca que ese sistema debe desaparecer, porque la región y el mundo avanzan hacia otra dirección.

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