En marzo de 2026, más de 600 activistas de izquierda de 33 países llegaron a Cuba como parte del convoy internacional Nuestra América, con el objetivo declarado de entregar ayuda humanitaria y expresar respaldo al régimen cubano. Entre ellos se encontraba Pablo Iglesias, exvicepresidente del gobierno español y fundador de Podemos, acompañado por figuras como Gerardo Pisarello y Javier Sánchez Serna.
🏨 Lujo en medio de la escasez
Iglesias se alojó en el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, un establecimiento de cinco estrellas operado por Meliá, con vista directa al Capitolio. Desde allí grabó declaraciones minimizando la crisis cubana, lo que provocó una fuerte reacción en redes sociales.
- Suite de lujo con aire acondicionado, comida garantizada y sin cortes eléctricos.
- Vehículos eléctricos para desplazarse por barrios empobrecidos.
- Seguridad personal y acceso exclusivo a eventos oficiales.
Mientras tanto, la población cubana enfrenta apagones masivos, escasez de alimentos, falta de medicamentos y deterioro de servicios básicos.
📱 Estallido en redes sociales
Las declaraciones de Iglesias, donde afirmó que “la situación en Cuba es difícil pero no como se presenta desde fuera”, fueron recibidas con indignación por activistas cubanos y ciudadanos comunes.
- En el grupo de Facebook Desmintiendo al NTV de Cuba, el activista Ariel Maceo Téllez denunció que Iglesias hablaba desde una posición privilegiada, ajena a la realidad del pueblo.
- Se compartieron análisis fotográficos que confirmaban la ubicación de Iglesias en una suite de lujo.
- Usuarios calificaron su postura como una falta de respeto hacia quienes viven la crisis diariamente.
🎥 Propaganda y contradicción
Durante su estancia, Iglesias entrevistó al presidente Miguel Díaz-Canel en el Palacio de la Revolución, donde se abordaron temas como la relación con Venezuela y la muerte de militares cubanos en la captura de Nicolás Maduro. La entrevista fue difundida por Canal Red América Latina, medio dirigido por Iglesias.
Sin embargo, muchos observadores señalaron que el viaje parecía más una performance propagandística que una misión solidaria:
- Grabaciones en hoteles de lujo.
- Participación en actos oficiales sin contacto real con la población.
- Silencio sobre la represión, los presos políticos y la emigración masiva.
La caravana de izquierdistas en Cuba ha dejado una estela de controversia. Lo que se presentó como un gesto de solidaridad terminó siendo percibido por muchos como un “safari ideológico”, donde los visitantes recorren la miseria desde la comodidad de hoteles cinco estrellas. La desconexión entre el discurso y la realidad ha intensificado el debate sobre la legitimidad moral del apoyo internacional al régimen cubano.











